Magico González
La historia futbolística de Jorge Alberto González comenzó a escribirse en el ANTEL, equipo en el que estuvo sólo dos temporadas (1975-77). Sólo dos campañas en este modesto conjunto le sirvieron para llegar al FAS de Santa Ana, uno de los clubes punteros de El Salvador con el que llegó a alcanzar la internacionalidad. Por aquel entonces su excelente momento de juego sirvió para que la selección salvadoreña consiguera por segunda vez en su historia alcanzar un Mundial (España, 1982).
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Sin embargo, su vida cambió radicalmente con su llegada a España y calar muy hondo en Camilo Liz, por entonces secretario técnico del Cádiz. Tanto fue lo que impresionó el delantero al directivo español, que éste recomendó su fichaje Su primeros cuatro años en España le marcaron, tanto para bien como para mal. El yugoslavo Milosevic, para Jorge uno de los mejores técnicos que ha tenido en su vida deportiva, fue el único que pudo poner orden en su vida deportiva Futbolísticamente, nada que objetar.
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El Ramón de Carranza, estadio en el que el Cádiz juega sus partidos, se rindió a sus excelencias y la afición empezó a conocerle como 'Mágico', no por Jorge González. Sin embargo, todo lo que rendía en el campo lo compartía con su vida, excéntrica donde las haya.
En Cádiz aún se recuerda el protagonismo que cogió el ex jugador fuera de los terrenos de juego. Visitante habitual de las taberanas y las discotecas gaditanas, todos recuerdan que sus mejores momentos de juego pasaban después de una noche de diversión. Al 'Magico', incluso, llegaron a ponerle un empleado del Cádiz a su disposición para que fuera a despertarle todas las mañanas, ya que era habitual que se quedara dormido no fuera ni a los entrenamientos. Irigoyen siempre recordó con humor lo que había hecho Jorge durante la disputa de un trofeo Carranza. El Cádiz se enfrentaba al Barcelona en semifinales y la plantilla estaba citada a las 19:00 horas. Jorge no apareció y llegó en el descanso del partido. El equipo azulgrana vencía por 0-1 al conjunto gaditano.
Benito Joanet decidió que jugará los últimos 45 minutos... y se montó el escándalo, ya que Jorge metió dos goles y dió otros dos pases decisivos. Finalmente el Cádiz ganó 4-1 y el 'Mágico' salió a hombros como un torero. Sin embargo, su 'otra' vida pasaba a un primer plano, tanto que el presidente del club gaditano tuvo que cederle al Valladolid, conjunto en el que pasó con más pena que gloria. Tras un año en El Salvador, volvió nuevamente al Cádiz y abandonó el club amarillo en 1991.
Su vida en Cádiz
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Los vecinos de ‘Mágico’, en especial un ex compañero suyo, Arreitu, recuerdan el modo de vida que llevó Jorge el tiempo que vivió en Cádiz. Hace más de diez años que se marchó, aunque nadie lo ha olvidado. Cádiz, la ciudad que lo acogió como un hijo y que aún le idolatra como al padredesaparecido, continúa pensando en él, recordándolo, viendo los vídeos de sus goles y preguntándose si alguna vez volverá a recorrer sus calles, a comer y beber en sus bares o a pasear en su descolorido Ford Escort. La figura de Mágico González sigue vigente, sus contemporáneos le recuerdan con cariño y quienes no disfrutaron con su arte, con su genio, se dejan llevar por las ensoñaciones de quienes le definen como el Dios del fútbol que un día bajó a la tierra.
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Su forma de ser, la escasa importancia que le otorgaba a valores tan asentados en la sociedad capitalista actual como el dinero, la fama o el poder, le hacían un ser único. “Para Mágico todo era un juego”, comenta Arreitu, uno de sus compañeros en aquel Cádiz que iba de milagro en milagro por el fútbol español. “Cuando terminaba los entrenamientos -continúa- seguía jugando a la pelota con los niños que le esperaban en la calle, pero no creo que lo hiciera porque le gustaran demasiado los pequeños, sino porque jugar al fútbol le encantaba, le daba igual el sitio y que fuera con un balón de reglamento o una botella de plástico”. Y es que Jorge daba pataditas a todo lo que encontraba a su paso. “A veces -comenta uno de sus vecinos- subía las escaleras del piso dando voladitas a una naranja, era verdaderamente increíble”.
Para darse cuenta del carácter del salvadoreño baste decir que apenas recordaba la cifra que el Cádiz debía pagarle. Para él un apretón de manos tenía el mismo valor que el más complicado de los contratos; no confería importancia al dinero y repetía una y otra vez que su mayor ilusión era ganar dinero para poder comprarse un taxi. Arreitu afirma que era una persona introvertida, callada y que siempre hacía lo que le apetecia. “Si tenía ganas de dormir, dormía; si tenía ganas de comer, comía; y si tenía ganas de jugar al fútbol, jugaba”. Su leyenda negra dice que le encantaba la noche, salir de copas y discotecas. Era verdad, pero lo hacía de una manera tan natural que era difícil quitarle la costumbre. Era como una rueda. |
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